La cuarentena y el café

Querido diario, la semana 6 de cuarentena está a punto de completarse y me he puesto a reflexionar sobre las cosa que me hacen falta…

-¡Aaay como extraño el café!

Y no es porque no me tome uno todas las mañanas, lo que me hace falta del café es su esencia. Sí, su esencia, esa que entrelaza su olorcito cálido con el de la persona que tengo al lado, ese humito fino que baila gracioso entre nuestras miradas, entre nuestras risas.

Me hace falta la calidez de compartir un cafecito con mis amigos, con mi familia. Le doy gracias a Dios que al menos tengo a mi hermano, porque ¡Aaay! de que esta cuarentena me hubiera tocado llevarla sola. Estoy en el punto donde es fácil darme cuenta lo que mi corazón verdaderamente valora. Me hacen falta las conversaciones, las risas, la complicidad. Me hace falta esa mirada que agradece el tiempo compartido y la que me dice “gracias por confiar y dejarme confiar”.

Y ufff cuánto me hace falta el abrazo que apapacha la despedida…

Decirles que “me gusta el café” sería un simple discursillo superficial que le resta peso a su verdadera importancia en mi vida. A mí lo que me gusta es el acto social, afectivo y hasta diría trascendental, en el que nos involucramos cuando compartimos un café.

Me gusta escuchar a la persona y que me escuchen, me encanta compartir relatos, aunque sean repetidos (los que me conocen saben que eso pasa a menudo debido a mi mente dispersa). Amo ver a los ojos, reconocer la importancia que le dan a sus palabras y la emoción que tiñe sus historias. Y agradezco, como tal vez no imaginan, cada segundo que me dedican, porque son segundos de su preciosa vida que deciden compartir conmigo.

Amigos, cuando todo esto pase, tómense un café, un té, un frescito de cas si quieren, con los que aman y aprecian. Invirtamos el tiempo en construir vínculos reales con las personas que hoy están a nuestro lado. Y agradezcamos, Dios mío, agradezcamos, por las personas que tenemos con nosotros hoy, apreciemos hoy, digamos Te Amo hoy. Y su algún día llega ese momento, en que aquella persona solo puede estar en un recuerdo… Pues que ese recuerdo sea hermoso y que nos haga vibrar el pecho, que nos saque las lágrimas pero de alegría y compartamos sobre esa persona, en nuestras historias de café.

Vivamos hoy, aquí y ahora.

Dey

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